jueves 15 de julio de 2010

Amigos de verdad y 14 días

Hoy reflexiono y me doy cuenta de que los amigos de verdad cambian con el tiempo. Aunque en realidad cambiamos nosotros desde pequeños hasta que sentamos la cabeza.

Cuando eres niño, tus amigos de verdad son quienes compartes el balón, la mesa de clase o la montaña de arena en el patio. Los amas tanto tiempo como dure tu diversión y en ese momento nadie puede molestar a tus amigos de verdad porque de verdad te enfadas y los defiendes. Luego te haces otros amigos de verdad jugando a otra cosa.

Cuando creces un poco más, tus amigos de verdad son los que comparten sus secretos contigo, y tu con ellos, y terminan siendo secretos de dominio público. Te enfadas con uno y ya no te hablas ni con él ni con sus amigos ni con nada que se relacione a ese ex-amigo de verdad. Pasas de él, él de ti y te buscas otro amigo de verdad que trate tus secretos como lo que son, secretos. Aunque tu los suyos se los cuentes a todo el mundo.

Y ya cuando creces, amas a tus amigos de verdad. Si te enfadas con ellos vuelven a ti tras una disculpa, porque tu realmente no querías enfadarte con ellos. Los quieres con toda tu alma, los ayudas aunque sean altas horas de la mañana, los secretos son eso, secretos. Son los amigos de verdad que te ayudan y están allí para cuando compartes el balón y cuando no lo compartes.

Mis amigos de verdad son mi mayor tesoro y lo mejor de todo es que, aunque yo quiero llevarlos a todos lados conmigo y no puedo, ahora entiendo lo que antes no entendía. Tengo amigos de verdad a kilómetros y kilómetros de distancia, tengo amigos de verdad al lado de mi casa, los hay que los veo mucho, los hay que quisiera verlos más... ¡¡Pero a todos los quiero igual!!

¡Y así soy yo!

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